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5 secretos que los productores cafeteros colombianos no quieren que sepas sobre el comercio justo

¡Bienvenidos!

Hay verdades incómodas que se esconden detrás de cada taza de café.

Verdades que, como consumidores conscientes, merecemos conocer. Porque cuando compramos café de "comercio justo", creemos estar haciendo algo bueno por los productores colombianos. Creemos estar pagando un precio que les permite vivir dignamente.

Pero la realidad es mucho más compleja.

Durante años, el sello de comercio justo ha sido vendido como la solución mágica para los problemas del café. Como la garantía de que nuestro dinero llega directamente a las manos de quienes cultivan esos granos con tanto amor.

Sin embargo, después de conversar con decenas de productores en las montañas de Colombia, de escuchar sus historias y entender sus luchas, hemos descubierto que la industria del comercio justo guarda secretos que pocos están dispuestos a confesar.

No es que los productores no quieran que sepas la verdad...

Es que el sistema mismo ha construido una narrativa que beneficia más a unos que a otros.

Secreto #1: Los caficultores reciben menos del 10% de lo que tú pagas

Cuando compras una bolsa de café de $20 en tu tienda favorita, ¿sabes cuánto recibe realmente el productor?

Entre $1 y $2 dólares. Máximo.

Los caficultores colombianos reciben apenas entre el 5% y el 10% del precio final que pagamos los consumidores. El resto se reparte entre exportadores, importadores, tostadores, distribuidores y minoristas.

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Esta realidad es aún más cruda cuando consideramos que los países productores como Colombia reciben entre el 23% y el 27% del valor generado por toda la cadena del café, pero concentran entre el 68% y el 92% de los costos sociales y ambientales.

¿Qué significa esto?

Que mientras las familias cafeteras enfrentan la volatilidad climática, invierten en mano de obra, cuidan el medio ambiente y mantienen tradiciones centenarias, la mayor parte del valor se queda en los países consumidores.

Secreto #2: La certificación es un lujo que muchos no pueden permitirse

El sello Fairtrade, ese pequeño logo que nos hace sentir bien como consumidores, tiene un costo muy elevado para los pequeños productores.

La certificación puede costar miles de dólares anuales.

Para una familia que produce 10 sacos de café al año, estos costos representan una barrera casi imposible de superar. Imagina tener que pagar el equivalente a varios meses de ingresos solo para obtener un sello.

Y cuando finalmente lo consiguen, ¿cuál es el premio?

Un sobreprecio de apenas $0.03 dólares por libra.

Tres centavos. Esa es la diferencia que marca la certificación Fairtrade en el precio que recibe el productor. Para ponerlo en perspectiva: necesitarían vender más de 300 libras de café certificado solo para recuperar el costo de un día de certificación.

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Secreto #3: La transición toma años sin ingresos completos

Convertir una finca convencional en una producción sostenible certificada no es como cambiar de canal en la televisión.

Requiere entre 2 y 3 años de transición, durante los cuales la productividad no alcanza niveles normales.

Durante este período, una finca que producía 100 sacos de café puede ver reducida su producción a 60 o 70 sacos, mientras los costos de mano de obra y mantenimiento siguen siendo los mismos.

¿Quién cubre esa diferencia?

La familia productora. Con sus ahorros, con préstamos, con la esperanza de que al final del túnel habrá un mercado dispuesto a pagar mejor por su café.

Muchas familias no pueden permitirse esta transición sin endeudarse profundamente. Es un lujo que solo algunos pueden costear.

Secreto #4: Solo una fracción se vende a precio "justo"

Aquí viene quizás el secreto más cruel de todos:

Aunque un productor obtenga la certificación Fairtrade, solo logra vender una pequeña parte de su producción a ese precio diferenciado.

En Colombia, el café de comercio justo representa apenas el 2.5% de las exportaciones totales. Esto significa que un caficultor certificado vende la mayoría de su cosecha a precios convencionales, y solo una fracción mínima recibe el "sobreprecio justo".

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Es como si un chef obtuviera una certificación gourmet para su restaurante, pero solo pudiera vender 3 de cada 100 platos a precio premium. El resto tendría que venderlo al mismo precio de siempre.

Esta realidad frustra a muchos productores que invirtieron tiempo, dinero y esfuerzo en obtener certificaciones que prometían cambiar sus vidas.

Secreto #5: Los recursos van hacia quienes menos los necesitan

El último secreto es quizás el más doloroso:

Las organizaciones certificadoras trabajan principalmente con grandes empresas que ya comercializaban café a buenos precios, desviando recursos que deberían destinarse a los caficultores pequeños más pobres y vulnerables.

Es más fácil certificar a una cooperativa grande que maneja miles de sacos que trabajar con 50 familias dispersas en las montañas que producen 10 sacos cada una.

Pero ¿adivina quiénes más necesitan el apoyo?

Las familias pequeñas, vulnerables, que viven en zonas remotas y que han sido históricamente marginadas del comercio formal del café.

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El resultado es una paradoja cruel: el comercio justo termina beneficiando más a quienes ya estaban relativamente bien, mientras margina aún más a quienes más lo necesitan.

¿Entonces qué podemos hacer?

Estas verdades no pretenden desanimarte ni hacer que dejes de comprar café de origen.

Al contrario.

Pretenden que tomes decisiones más informadas, más conscientes, más directas.

En AlmAméricas, creemos que la verdadera justicia comercial va más allá de los sellos y certificaciones. Se trata de construir relaciones directas, transparentes y duraderas con los productores.

No es perfecto. No es simple. Pero es honesto.

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Cuando conoces la historia detrás de cada bolsa de café, cuando sabes el nombre de la familia que lo cultivó, cuando entiendes los desafíos que enfrentaron para llevarlo hasta tu mesa... ahí es donde comienza el verdadero comercio justo.

Porque al final, la justicia no está en un sello.

Está en las relaciones humanas que construimos, grano a grano, historia a historia.


Bradley
Fundador y CEO, AlmAméricas

Gracias por acompañarnos en este viaje hacia la transparencia. Cada conversación cuenta, cada decisión importa.

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